Escribir
adecuadamente requiere, además de una correcta ortografía, dar a cada edición
el sentido proporcionado, de forma breve, clara y exacta, exigible a medios de
comunicación y necesaria por rigor y contenido, aunque escasean, dados algunos
ejemplos sobre noticias y titulares publicados.
El excesivo desconcierto sintáctico se denomina
anfibología, confusión e impropiedad, de idéntica manera que, la repetición
inútil y molesta, se califica, batología, de ahí, la importancia que posee la
estructura y el uso de las palabras, deben eludir estos baches lingüísticos, para ejercer su
auténtico cometido, que no es otro que transparencia.
La
manipulación a o de la que somos objeto, no relaciona escritura e información. En
ocasiones medito sobre si el exceso desinformativo viene facultado más por lo que queremos escuchar o por lo que nos
quieren explicar. Yo decido el diario que leo, la televisión que miro y la emisora que escucho, además de cuando y como, de modo que si no me
interesa la opinión de un colaborador, las imágenes que me presentan o las
consideraciones de los tertulianos planos, pues les ignoro, pero para ello he
de iniciar un proceso de aproximación que de un modo u otro y con mayor o menor
intensidad, ya sea leyendo, ya sea por viendo, ya sea escuchando al objeto
de alcanzar un criterio.
Por otro lado tampoco hay que ocultar, que a
pesar de que nos identifiquemos con ciertas opiniones, nos deleitemos con imágenes
paradisiacas y alaguen nuestras virtudes, la coherencia, el sentido común y el
análisis que podamos realizar, interese en la medida en que nosotros le valoramos, de
manera que aun cuando no pretendamos convencer con nuestras síntesis, pues creemos estar al amparo de la razón,
cuando el único cometido debería de ser el respeto.
Me viene
a la memoria Nicolás, mi profesor de castellano, nos habló sobre la finalidad del
texto argumentativo, expresar opiniones o rebatirlas con el fin de persuadir, probar
o demostrar una tesis, refutar la contraria o bien inclinar o disuadir al
receptor sobre determinados comportamientos, hechos o idea.
Como decía,
buenos días ¡qué mal escribo!

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