Son los mismos individuos
a los que gusta exhibirse como estandartes de perfección, que escondidos en anónimos
ciudadanos, muestran desprecio en hechos cotidianos, como el abandono de sus
desechos, mientras lucen sus moradas lucientes y esplendorosas.
Se observa que lo ajeno
molesta, se traducen las calles como territorio comanche, solo preocupa o
interesa lo nuestro, en todas sus vertientes y magnitudes, así no extraña la
desafección social a la hora de desubicar los residuos de sus lugares idóneos,
como muestra de supremacía o rechazo.

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